HISTORIAS DE RUNNERS… EDUARDO MULET: “EL CORAZÓN TE LLEVA A LA META”

La increíble historia detrás de la MIM 2018. Una historia de amor, de sueños cumplidos.

La historia comenzó en el momento en el que dejé de correr. Algo raro, no?
Tuve la posibilidad de estar a un buen nivel dentro del atletismo mendocino, pero eso me demandaba mucho tiempo para el entrenamiento y muchos costos. La falta de apoyo y de tiempo lo hacia mas difícil, así que decidí dejar de correr competitivamente y dejarlo como una actividad para mi salud.
Pero este deporte es un vicio, uno nunca sale de esas ganas de estar rodeado en una largada de tanta gente y con un mismo objetivo, llegar a la meta. Y ahí fue cuando me pregunté ¿Por qué no darle la posibilidad a una persona que no puede hacerlo?
Entonces fue ahí cuando planifiqué correr un maratón empujando una silla de ruedas.
Entre pensarlo y lograr este desafío había una distancia muy grande, primero tener que conformar una silla, tener un muy buen entrenamiento ya que no solo llevás tu cuerpo, sino que también llevás a otra persona que lleva sus dificultades y después recorrer toda la distancia y terminarla.

¡MANOS A LA OBRA! No hay imposibles…

Me junté con Mario Gutiérrez, un atleta discapacitado, récord Guiness en 24 horas en pista de atletismo, quien mejor que él para comenzar a encaminar este proyecto.

Mario me presentó a Jesús Picon, un chico de 34 años, que padece parálisis cerebral.

Adaptamos una silla de ruedas que nos prestó la Subsecretaría de Deportes de la provincia. Gonzalo Castello nos fabricó el aplique de empuje, la empresa donde trabajo, Depósito Moi, me fabricó las tapas de las ruedas y el soporte de los pies para Jesús, y Favio Sánchez en su taller nos pintó la silla.

¡A COMENZAR EL ENTRENAMIENTO!

Correr 42 kilómetros demanda una buena preparación y más si lo haces empujando una silla. Fue ahí que empecé a entrenar con la silla cargada con discos de gimnasio, simulando el peso de Jesús.

¡LLEGÓ EL DÍA!

Llegamos a la largada unos 30 minutos antes y empezamos a armar la silla. Faltando 5 minutos para largar noté que la rueda delantera estaba pinchada!!

Tuve que cambiar la rueda delantera y correr 200 metros hasta llegar a la línea de largada que estaba en plena cuenta regresiva.

¡LA CARRERA!

Luego de una largada muy linda, pasamos los primeros 5 km con algunas dificultades por las subidas y bajadas, pero nada se hacía notar más que la alegría de Jesús viendo las montañas, el río Mendoza y el aliento de mucha gente diciéndonos palabras muy lindas.

Llegamos al kilómetro 15, con un muy buen ritmo y con la aparición del sol frente a nosotros, le ofrecí a Jesús ponerse los lentes y él se negó, no quería que nada le quitara esa luz tan linda en su día.

Ya en el km 21, en el desvío de Luján, la calle estaba muy destruída, lo que obligó a bajar el ritmo. A los 28 kms el camino empezó a mejorar, el ritmo de carrera también, y las sensaciones eran buenas para lo que quedaba de carrera.

Pero no todo pasaría a ser tan bueno, la subida de la calle Guardia vieja, demandó mucho esfuerzo, en las piernas y en la espalda. Esa subida no nos va a opacar la carrera, pensé!! Así que saqué fuerzas y la vencimos!!

EL MOMENTO MÁS DIFÍCIL

Llegado el km 36, la carrera terminó físicamente para mí, el desgaste había sido muy grande, pero lo iba a dejar todo para cumplirle el sueño a Jesús.

¡El SUEÑO COMIENZA A CUMPLIRSE!

Algo que me levantó y me volvió a sacar piernas para terminar la carrera, fue el aliento de la gente a los costados de la calle, ver a un policía ponerse en posición de firme y llevar su mano a la frente para brindarnos su respeto, mi familia siguiendo cada kilómetro de carrera, mi novia acompañándonos en bicicleta desde la largada, transmitiéndole en vivo a mis hermanos y sobrinos que viven en Francia, y que también me daban su apoyo mediante videollamadas.

Todo eso, sumado a la sonrisa de Jesús hicieron que jamás bajara el ritmo.

Y al fin estabamos ahí, en el km 41 a tan sólo uno de llegar… comenzaron a pasar mil cosas por mi cabeza, un nudo en la garganta y los ojos llenos de lágrimas. El objetivo ya se cumplía y la alegría de Jesús era el combustible final a la meta.

A 200 metros de la meta, la gente armó un pasillo para la llegada de los corredores y sorprendidos por nuestra presencia comenzaron a aplaudir y a sonreír acompañando lágrimas en los ojos.

¿Qué más se puede pedir?

¡Pisamos la alfombra roja! ¡Cruzamos la meta!

El abrazo de nuestras familias, el aliento, las lágrimas, las sonrisas…

Pero por sobre todas las cosas… esto…

La sensación que llevo al día de hoy es inexplicable, saber que logré un amigo que jamás se va a borrar de su cabeza tal experiencia.

Hace poco me preguntaron…

¿Quién le cumplió el sueño a quién?

Sin lugar a dudas Jesús me lo cumplió a mí!!

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